No fue una sola persona. El implante coclear nació por etapas, a lo largo de unos veinte años, y equipos de varios países aportaron su parte.
En París, en 1957, André Djourno y Charles Eyriès colocaron durante una operación un cable sobre el nervio auditivo de una persona sorda. Cuando pasaba la corriente, la persona oía un sonido. En Los Ángeles, en 1961, William House colocó a dos personas un implante coclear de un solo electrodo. Les ayudaba a notar los sonidos y a leer los labios, pero el habla seguía sin entenderse bien.
El implante coclear que hoy usa la mayoría es multicanal: distintos puntos del oído interno reciben distintos tonos. Dos equipos construyeron uno en los mismos años. El de Ingeborg y Erwin Hochmair se colocó en Viena el 16 de diciembre de 1977. El equipo de Graeme Clark colocó el suyo en Melbourne el 1 de agosto de 1978.
Otros lo hicieron útil para el habla. Michael Merzenich, en la Universidad de California en San Francisco, ayudó a entender cómo tiene que trabajar un implante coclear junto con el cerebro. Blake Wilson, en Carolina del Norte, describió en 1991 una forma de procesar el sonido con la que la mayoría de los usuarios entiende el habla sin leer los labios. Según el Broad Institute, hoy más de un millón de personas usan un implante coclear.
Los grandes premios nombran a estas personas juntas.